jueves, 27 de julio de 2017

Los satélites más pequeños de la historia ya están en órbita, pero aún queda por hacer hasta alcanzar las estrellas

Sprite Imagen: Zac Manchester

Para conocer los rincones del universo al ser humano se le ocurre, tecnología en mano, diseñar las aeronaves más veloces, complejas o curiosas, como aquel conjunto de 5.000 mini-robots para investigar los orígenes de éste. Y precisamente de "mini" hablamos también para este curioso proyecto de investigación espacial basado en mini-satélites del tamaño de un sello postal.

Los primeros satélites ya se encuentran navegando más allá de la exosfera en un cohete que despegaba el 23 de junio. Se denominan Sprites y se enviaron un total de seis, aunque de momento hay sólo dos activos, pero ¿de qué se compone un satélite artificial que cabe en la palma de nuestra mano? Veamos esa electrónica.

De toneladas a gramos: lo justo e imprescindible en pocos centímetros cuadrados

Este lanzamiento forma parte de la iniciativa internacional Breakthrough Starshot (fundada en parte por Stephen Hawking y Mark Zuckemberg), y lo de "star" viene por que el objetivo a largo plazo es alcanzar estrellas cercanas a nuestro sistema. Por el momento lo que tienen en mente para los Sprites es Alpha Centauri, el sistema estelar más cercano a nuestro Sol, aunque como veremos las miras van más allá de estas "vecinas" a algo menos de cinco años luz.

El satélite en miniatura es básicamente una placa de 3,5 centímetros de ancho y de 4 gramos de peso. Resulta ser un muy buen ejemplo de a qué nivel ha llegado la miniaturización en la electrónica como lo son los smartphones, ya que en esa superficie integra un procesador, un giroscopio, un magnetómetro, un chip de radio capaz de comunicarse con la tierra y paneles solares.

Se han lanzado seis mini-satélites, y de los dos ya instalados para funcionar sólo se ha obtenido comunicación desde uno de ellos

De momento han instalado dos de estos satélites en uno de tamaño estándar (el letón Venta y el italiano Max Valier), y el lanzamiento de los cuatro restantes queda a la espera de que la comunicación con los dos ya instalados se produzca sin problemas. Por ahora las estaciones en tierra (en California y Nueva York) se ha obtenido señal de uno de estos dos mini-satélites ya instalados, y sospechan que el otro (el que está en el Max Valier) tiene problemas en la antena de radio.

Lo que matiza Zac Manchester, director del proyecto e investigador en post-doctorado en Harvard, en Scientific American es que han conseguido demostrar que los Sprite funcionan en el espacio recurriendo a la luz solar y recibiendo señales de la Tierra, generando cada uno 100 milivatios de electricidad con el contacto con la luz y siendo esto suficiente para transmitir los datos y mover el microprocesador.

Satelite

¿Y qué se espera de estos mini-satélites una vez funcionen? La idea es que puedan ser producidos en masa para llegar a crear redes de muchos de ellos con las que poder estudiar la atmósfera terrestre, su campo magnético e incluso explorar otros planetas, de modo que no se arriesgue con una nave mayor y más cara (aunque con algo habría que acercarlos), dado que según explican podrán mantenerse en órbita simplemente con el campo magnético de un planeta o la presión por radiación de una estrella.

Pagar un satélite artificial con lo que llevas en la cartera

No es la primera vez que se piensa en mini-satélites como una alternativa viable para la exploración del universo. En abril de 2016 vimos un proyecto de investigación en la Universidad Estatal de Arizona en el que habían desarrollado unos satélites en miniatura y ni más ni menos que la NASA se interesaba el pasado mes de mayo en un mini-satélite cubicular impreso en 3D fabricado por un chico de 18 años.

Los Sprite no han quedado en maqueta y ya han volado, pero lo que todos estos mini-satélites tienen en común es el bajo coste. Cada uno de los mini-satélites tiene un coste de fabricación de 25 dólares (nada que ver con las millonarias aeronaves habituales). Claro que es algo que esperan para dentro de una década al menos, según explica Avi Loeb, del comité consejero del proyecto en New Scientist.

Alpha Centauri No son los faros de un coche, es la mejor fotografía que el Hubble capturó del conjunto Alpha Centauri. (ESA/NASA)

Si todo saliese bien y pudiese confiarse en estos mini-satélites, la idea es poder enviarlos en una especie de aeronave también en miniatura (denominada ya "StarChips") que iría propulsada por pulsos de láser al 20% de la velocidad de la luz, con el objetivo de alcanzar Alpha Centauri y "ya de paso" que se pudiesen tomar imágenes de Proxima b. Por el momento se está viendo si es factible, así que dependerá de cómo quede este primer experimento con seis Sprites.

En Xataka | 64 gramos y fabricado por un estudiante de 18 años con una impresora 3D: así será el satélite más ligero de la NASA

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